El Punto de Encuentro Familiar (PEF) son espacios neutrales y gratuitos atendidos por equipos multidisciplinares cuyo objetivo principal es garantizar la seguridad y el bienestar de los hijos mientras se intenta normalizar la relación familiar. Son utilizados con el objetivo de garantizar el bienestar del menor durante los regímenes de visitas en casos de separaciones, divorcios o entornos de alta conflictividad o de violencia.
El acceso a este servicio no es facultativo para los progenitores, sino que viene determinado siempre por una orden judicial, ya sea en la sentencia de divorcio o en un procedimiento posterior de modificación de medidas. El Código Civil de Cataluña contempla esta figura en su artículo 233-13, permitiendo que la autoridad judicial, ante situaciones de riesgo social o peligro, confíe la supervisión de las relaciones personales a un Punto de Encuentro Familiar.
La intención es no perpetuar el uso de los centros, sino que la intervención sea de carácter temporal, sirviendo como una herramienta de transición hacia un régimen de visitas autónomo y saludable.
¿Cómo funcionan y qué modalidades existen?
El funcionamiento de un Punto de Encuentro comienza con una fase de acogida, donde los profesionales realizan entrevistas individuales con los padres para crear un clima de confianza y explicar las normas de funcionamiento. Una vez iniciado el servicio, existen tres modalidades principales de intervención según el grado de conflicto o riesgo detectado por el juzgado.
La modalidad más sencilla es la de entregas y recogidas (intercambios). En este supuesto, el progenitor custodio deja al menor en el centro y el otro lo recoge sin que llegue a existir contacto visual ni físico entre los adultos, evitando así discusiones o escenas desagradables frente al niño. Por otro lado, encontramos las visitas no tuteladas, donde el encuentro transcurre dentro del centro, pero sin supervisión directa, o incluso se permite que el progenitor se lleve al menor fuera de las instalaciones y lo reintegre a la hora pactada.
Finalmente, la modalidad más intensiva es la de las visitas tuteladas o supervisadas. En estos casos, el encuentro se desarrolla íntegramente en las dependencias del PEF bajo la presencia constante de un profesional que guía y apoya el rol parental, interviniendo si la situación lo requiere. Esta modalidad es especialmente útil cuando el hijo no conoce apenas a su progenitor, cuando existe una enfermedad mental o adicción, o cuando hay órdenes de protección vigentes que impiden cualquier contacto entre los padres.
El papel del equipo psicosocial y los informes judiciales
Hablamos de un servicio atendido por psicólogos, trabajadores sociales y educadores que no solo vigilan, sino que observan la interacción entre padres e hijos. El equipo tiene una función activa de seguimiento y, si el juez lo permite, puede intervenir como mediador para alcanzar acuerdos básicos sobre el régimen de estancias.
Una de las facetas más relevantes para el proceso judicial es la elaboración de los informes de seguimiento. Según marca la ley, estos deben presentarse al juzgado con una periodicidad mínima trimestral o siempre que surja una incidencia relevante. En estos informes, el equipo puede proponer al juez ampliar o reducir las visitas, cambiar la modalidad de intervención o incluso proponer el cese de la medida si detectan que la relación está resultando perjudicial para el menor.
La intervención finaliza cuando se demuestra judicialmente que las relaciones se han normalizado y que ya no existe el conflicto o el riesgo que motivó la derivación. En definitiva, la ley y los tribunales utilizan los PEF para unir vínculos de forma segura, priorizando siempre el interés superior del menor y su derecho a crecer manteniendo el contacto con ambos referentes parentales en un entorno libre de violencia y tensión.
Conclusiones
Como conclusión, debemos entender el Punto de Encuentro Familiar como un recurso terapéutico y de protección, diseñado para que el conflicto de los adultos no contamine el desarrollo de la identidad del niño. Su éxito depende, en gran medida, de la actitud de los progenitores y de su capacidad para aprovechar este espacio para reconstruir vínculos.
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