El papel del abogado de familia en el divorcio: escucha, negociación y protección de los hijos

 

Confilegal publicó el 3 de noviembre de 2026 un reportaje de Maica Vanaclocha sobre el papel del abogado de familia en las rupturas. Conocer la ley es imprescindible, pero no siempre es suficiente para resolver los problemas, escuchar, negociar y comprender las circunstancias personales es también parte esencial del trabajo.

Junto a Delia Rodríguez (Vestalia Abogados) y Natalia Mañas (onLygal), participó Elisabet Hernández, socia directora de Hernández Costa. El reportaje parte de un dato del Consejo General del Poder Judicial: en 2025 se presentaron en España 84.424 demandas de disolución matrimonial (divorcios, separaciones y nulidades), un 11,7 % menos que el año anterior.

Cuando la estrategia del abogado agrava el conflicto

Elisabet abordó una cuestión especialmente delicada, la posibilidad de que el propio abogado empeore la situación familiar. Según explicó, puede ocurrir sobre todo cuando falta una especialización adecuada y la estrategia jurídica está mal planteada. También identificó comportamientos poco éticos, aunque minoritarios, como prolongar deliberadamente los enfrentamientos.

El problema aparece cuando se confunde defender al cliente con respaldar todas sus exigencias, incluso aquellas con escasas posibilidades de prosperar. Para Elisabet, la obligación profesional es explicar las posibilidades reales y las consecuencias jurídicas de cada decisión, aunque la información resulte desagradable. “Tenemos que ser capaces de darla con la máxima calidez y empatía posibles, pero sin que falte claridad”, afirma.

Acompañar al cliente sin imponerle decisiones

Elisabet marcó también un límite importante, el abogado no debe imponer sus decisiones al cliente. Cuando aparecen discrepancias profundas sobre la estrategia, considera necesario acompañarlo durante el proceso o incluso renunciar a su defensa si esas diferencias comprometen el trabajo profesional.

El reportaje recoge además que el abogado necesita comprender qué pretende conseguir realmente su cliente, distinguir las reacciones emocionales de sus necesidades jurídicas y concederle tiempo para reflexionar.

La formación universitaria, una asignatura pendiente

Las tres participantes coincidieron en señalar las carencias de la formación universitaria para afrontar estas situaciones. Elisabet sostiene que la universidad no proporciona suficientes herramientas para desarrollar las capacidades personales que necesita un abogado de familia. Reconoce que muchas se adquieren con la experiencia profesional, pero considera indispensable saber escuchar: “Todo abogado que quiera ejercer en esta materia tiene que estar dotado del don de la escucha y de una empatía cercana y amable”.

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